Psicólogo Álvaro Tomás
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¿POR QUÉ MUCHAS PERSONAS BUSCAN EL DISFRUTE POR EL MIEDO?



El miedo es algo innato al ser humano, ancestral y arcaico. Se origina en el cuerpo amigdalino o, más comúnmente conocido como amígdala cerebral. Esta estructura son un conjunto de núcleos neuronales localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales, de los vertebrados complejo, entre los que nos encontramos los seres humanos. La amígdala forma parte del sistema límbico y su principal papel es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales. Entre estas reacciones emocionales no solo encontramos el miedo, sino toda la amalgama emocional de la que cada especie vertebrada puede disponer. Evidentemente, cuanto más complejo es el ser, de más diversidad emocional dispondrá.


Como he dicho, el miedo es algo arcaico que forma parte de lo que también se conoce como cerebro reptiliano y guarda, almacena en sí, una serie de emociones, ligadas a una serie de aprendizajes que son usados, a modo de condicionamiento, cuando se desencadena lo que se conocen como disparadores del condicionamiento en cuestión. Para que los lectores se hagan una idea, algunos de los aprendizajes arcaicos que existen en el ser humano son el miedo a las alturas, al fuego, a animales que se consideran venenos o peligrosos o, ya que nos viene al caso, el miedo a la oscuridad o al desconocido. Todos estos miedos se han ido forjando a lo largos de cientos de miles de años, tras la evolución.


En el caso que tenemos hoy entre manos, si hay una emoción que esté relacionada con la Noche de Difuntos es el miedo, pero porqué. En otras culturas la misma noche despierta euforia, alegría, entusiasmo, esperanza… Hay, en la aparición de esta emoción un disparador cultural muy importante. Esta noche es tan terrorífica para muchos por que lleva en sí misma impregnada muchos otros miedos, como son el miedo a la oscuridad, a la noche, a lo desconocido, al peligro, y, al más ancestral de todos los miedos, el miedo a la muerte.


Pero ¿porqué a la largo de la historia muchas personas sucumben ante el disfrute y el placer por estos miedos. Ya en el siglo 8 a. C. encontramos un temprano ejemplo del gusto por lo siniestro. Homero relata lo siguiente en La Odisea: “Andaban en grupos aquí y allá, a uno y a otro lado de la fosa, con un clamor sobrenatural, y a mí me atenazó el pálido terror”. El relato de las andanzas de Ulises fue trasmitido por tradición oral: si el texto se conserva, es porque muchos encontraron placer en recitarlo.


Uno de los factores que tiene que ver con este fenómeno de masas es la hiperactivación física. Ante el miedo se producen reacciones fisiológicas, como el aumento de la presión arterial, sudoración, hiperventilación y aumento del metabolismo celular. También conlleva una liberación de catecolaminas, que son un grupo de neurotransmisores entre las que se hallan la adrenalina y la dopamina, que son responsables de la sensación de euforia que experimentamos tras pasar un mal rato.


Otro factor que nos hace conectar con el genero de terror y querer disfrutar de noches como la Noche de Difuntos o de Halloween, como comentaba Sigmund Freud en su ensayo “Lo siniestro”, es la vuelta a la conexión con la infancia, donde se creía que tan solo pensando en algo podría acabar ocurriendo, donde conectamos con los cuentos y las leyendas, con lo real y lo falso, con lo que está, pero no está. En definitiva, a muchas personas también les gusta el terror por que les permite, de una forma socialmente aceptable, volver a etapas tempranas de la infancia.


Por otra parte, cabe decir que otra de las teorías que se presenta en cuanto al miedo la afirmo Michael Rudd, profesor de la Universidad de Utah, mediante la que refirió que cuando nos adentramos en situaciones de terror para el disfrute, lo hacemos por que consideramos que es una situación controlada, siendo conscientes de que el riesgo real es nulo. Afirma que la exploración por lo terrorífico resulta interesante mientras sea un viaje de ida y vuelta.


En definitiva, es arcaica la propia emoción del miedo, pero podría considerarse también arcaica, la exposición a situaciones que desencadenan esa misma emoción.

Es importante que los lectores tengan en cuenta que, como se indica en algunas atracciones de terror, no solo han de ser precavidas las personas con problemas cardíacos o embarazadas, dado que existe, lo que en psicología se denomina vulnerabilidad psicótica. Este efecto de vulnerabilidad hace que la exposición a determinadas situaciones que desencadenen reacciones emocionales extremas pueda provocar una desconexión de la realidad, una dificultad para diferenciar lo real de lo ficticio. La importancia de reseñar este dato es que personas con antecedentes psicóticos, ya sea a titulo personal o familiar, deberían ser precavidas a la hora de exponerse a determinadas situaciones en las que exista una fina línea entre lo real y lo imaginario.

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